
El filosofar
acerca de los problemas enteramente externos de su persona sin duda le ha abierto el apetito. Después de todo, es
hora de la cena.
Antes de proceder
a descender, medita de manera efímera sobre lo que hará para concluir el día.
Seguramente pasar a la taberna mas cercana a saludar no sea mala…
Eh?
